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En Rosario con PEN

En noviembre del 2019 estuve en la provincia de Rosario (Santa Fe, Argentina) con PEN (Poetas, Ensayistas, Narradores).

Compartí poemas de mi libro, “Carencia”. Fue hermosa la recepción y los comentarios que me llegaron después sobre lo que leí. Cada vez me siento más cómoda leyendo mi obra en público.

Concurso Zenda #SueñosdeGloria

La maratonista

Correr la transporta a las vacaciones, ese momento en el que su máxima preocupación es su sudor. Hoy entrena, da unas vueltas al parque de su barrio, pero se imagina en la playa. Se va cruzando con hojas otoñales a su paso. Después de un tiempo, la cara se le ve enrojecida. Es un incendio interior. Tiene la boca reseca, se le cae un blíster en el medio del camino, pero no se detiene. No hay nadie cerca que la interrumpa.

Desde que nació respira con dificultad. Sufría cuando le hacían correr en el colegio durante el tiempo que marcaba el cronómetro para evaluar su resistencia. En cambio, se sentía como pez en el agua buceando porque ese era su estado natural. Le costaba hablar más de un minuto de corrido, sobre todo cuando actuaba; y el agotamiento diario era tal, que tomaba decisiones por ella.

Antes de que la operaran del tabique desviado, un chico en una cita le preguntó por qué respiraba de esa manera tan notoria al caminar. Ella, que solía postergar las consultas médicas, respondió que no sabía. También pensó: “una vez que no me dicen que estoy chueca, sacan a la luz esto”. Notó mejoras después de su cirugía. Aunque el cansancio al respirar no se fue del todo, decidió priorizar sus rutinas de entrenamiento. Pasó de caminar a correr y se alegró de los cambios notorios a corto plazo, principalmente se sentía plena y con menor inclinación a comer de manera compulsiva.

Al principio, cada vez que corría había dos fuerzas: la que lo disfrutaba y la que trataba de disuadirla. La acechaba el miedo de que al perder grasa y desarrollar más músculo esta vez no la pudieran salvar cuando tratara de hacer lo que le dictó su ello hace unos años contra las vías del tren.

Estaba cómoda con el ejercicio diario y con su alimentación equilibrada de carne, verduras, frutas, proteínas y lácteos hasta que recibió malas noticias. Su dermatólogo le explicó que es posible que una de las razones por las que se le cae el pelo sea la pérdida de peso. Después de esa consulta, llegó a casa y durmió la siesta junto a un armario que desde hace dos semanas estaba lleno de pantalones, remeras nuevas con su nuevo talle. Pensó en la desventaja crónica que hay en sus logros: “Dios te da y Dios te quita”. Tener más fuerza con la cual ejercer violencia contra ella misma no era el único problema.

Hoy disfruta la simpleza de trotar, de moverse en el vacío sin caer en el exceso de pensamiento y la obsesión. Ya no le interesa ser una actriz argentina conocida en el mundo teatral, la más talentosa, que ese medio de mucha llegada le haga una entrevista al igual que a sus colegas. No le preocupa ser admirada o invisible. Es hermoso no depender de la subjetividad del arte. Con pagar las cuentas con las clases de actuación que imparte alcanza. Tan solo quiere lazos fuertes con ciertas personas en particular y tranquilidad. Quiere un cuerpo nuevo, sin necesidad de que sea bello. Espera que tan solo deje de pudrirse, para olvidarse de la fragilidad con que vive sus veintiocho años. Tiene la intención de empezar a comunicarse con lo que sus entrañas y piel le piden: el grito del herpes, el sufrimiento mudo del colon irritable han estado tratando de establecer contacto.

Ya hay más gente corriendo junto a ella, probablemente personas que terminaron su jornada laboral. Ve un destello verde a lo lejos. Al igual que frente al mar, no hay obstáculos en el horizonte. La canción pegajosa de su dispositivo y mente se detiene y comienza otra con más ritmo. Lleva más de tres horas al aire libre, la mayor parte concentrada en los movimientos simétricos de sus piernas.  A diferencia del año pasado, ya no le incomoda estar a solas con su cuerpo, corriendo en la oscuridad, con las luces del parque alumbrando el recorrido.

Tan solo quiere lazos fuertes con ciertas personas en particular y tranquilidad. Quiere un cuerpo nuevo, sin necesidad de que sea bello. Espera que tan solo deje de pudrirse, para olvidarse de la fragilidad con que vive sus veintiocho años. Tiene la intención de empezar a comunicarse con lo que sus entrañas y piel le piden: el grito del herpes, el sufrimiento mudo del colon irritable han estado tratando de establecer contacto.

Ya hay más gente corriendo junto a ella, probablemente personas que terminaron su jornada laboral. Ve un destello verde a lo lejos. Al igual que frente al mar, no hay obstáculos en el horizonte. La canción pegajosa de su dispositivo y mente se detiene y comienza otra con más ritmo. Lleva más de tres horas al aire libre, la mayor parte concentrada en los movimientos simétricos de sus piernas.  A diferencia del año pasado, ya no le incomoda estar a solas con su cuerpo, corriendo en la oscuridad, con las luces del parque alumbrando el recorrido.